La casa de Bernarda Alba

Una producción de Focus

Lo blanco, lo puro, lo limpio, lo no usado, la virginidad, el celibato. Las hijas no han conocido hombre, Bernardas. Por bernardos se conoce a los monjes de la orden del cister. Blanco como la sábana, la piedra, de nuevo la pasión. El blanco como ausencia, como vacío, desnudez. El blanco como opuesto al negro, que es la muerte. El negro barroco, lleno, la muerte llena de cosas que perdemos. El blanco limpio, puro, pero vacío de vida o, mejor dicho, de sexo. Sexo es sinónimo de vida. Muerte llena contra vida vacía.

Vivir muertos nos aleja de las pasiones, del dolor del amor, de la maledicencia, de los sentimientos, de los desengaños; pero también de la vida… y de la demencia. ¿Nos aleja también de la demencia? Bernarda Alba, Dios del Antiguo Testamento, teme a la locura. Se apoya en un sistema de valores absolutos. No hay término medio. Pero quizás envejezca sola y demente como su madre María José. Cuando muera dominada por lo negro, quizá desee alcanzar esa luz blanca y brillante al final del túnel. Quizá sea demasiado tarde. Alfons Flores, escenógrafo

Ficha Artística
AUTOR: Federico García Lorca
DIRECCIÓN: Calixto Bieito

REPARTO:
María Jesús Valdés (Bernarda)
Julieta Serrano (Poncia)
Maite Brik (Angustias)
Gloria Muñoz (Angustias)
Roser Camí (Adela)
Rosa Vila (Martirio)
Chantal Aimée (Magdalena)
Mónica López (Amelia)
Concha Redondo (María Josefa)
Maife Gil (Criada)
Jesusa Andany (Prudencia)
Marisa Prada (Trapecista)

ESCENOGRAFÍA: Alfons Flores
VESTUARIO: Mercè Paloma
ILUMINACIÓN: Xavi Clot
SONIDO: Òscar Roig
COLABORACIÓN MUSICAL ESPECIAL: Carles Santos
CARACTERIZACIÓN: Mercè Paloma

PRODUCCIÓN: Focus


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